Seguramente se han topado con niños que por más que se les ejercite repetidamente la lateralidad y direccionalidad nunca llegan a automatizarla, de esos niños, no todos invierten letras y números, algunos lo hacen aun copiando, otros solamente en el dictado o cuando leen; muchos de ellos están perdidos totalmente en el espacio, basta observarlos como se mueven de un sitio a otro para detectar que tienen problemas en el manejo del espacio, tienen dificultad para copiar figuras en sus dimensiones correctas, para distribuir adecuadamente las partes de un dibujo o la escritura en la hoja, para construir diseños con bloques, incluso muchos adultos (me incluyo) tenemos dificultad para descifrar mapas o dar instrucciones verbales para proporcionar determinada dirección.
Todo esto nos demuestra que movernos en un mundo tridimensional es un proceso complejo en donde intervienen muchas áreas del cerebro organizadas de manera jerárquica y armónica, la organización jerárquica del Sistema Nervioso es lo que hace posible que la corteza intervenga en el aprendizaje de situaciones novedosas antes de que se conviertan en un acto automático.
Para que todo aprendizaje se convierta en automático la información recibida requiere haber recorrido niveles inferiores que filtran o tamizan la información para que la corteza no se sature y solo procese los datos en donde es imprescindible que participen las neuronas corticales, de lo contrario no pueden convertirse en automáticas y siempre estarán sujetas a la acción de la conciencia y la voluntad.
Podemos escribir y escuchar música o conducir un auto mientras platicamos, porque son actividades que ya son parte de una rutina y la corteza no interviene, pero cuando nos enfrentamos a situaciones desconocidas la corteza interviene activamente porque tiene que hacerlo de manera voluntaria y consciente.
Desde el punto de vista de organización, la información contenida en nuestros genes proporciona el diseño de la estructura cerebral y las funciones básicas para sobrevivir, pero la interacción con el entorno es lo que hace que se activen las funciones sin saltar ninguna etapa para poder procesar plenamente la información.
En este recorrido jerárquico del procesamiento espacial merecen mención especial el sistema vestibular que junto con el propioeceptivo mantienen el tono muscular, ayudan a la coordinación del movimiento de los ojos, cabeza y cuerpo, manteniendo un campo visual estable y son fundamentales en la percepción del espacio y orientación del cuerpo en relación a éste.
Cuando el sistema vestibular no opera adecuadamente se puede manifestar tono muscular disminuido, problemas en el equilibrio, en la actividad motriz y movimientos automáticos, dificultades en el registro y seguimiento visual de objetos en movimiento, en el cruce de la línea media, en la convergencia y en la percepción espacial.
También afecta la integración bilateral para realizar actividades coordinadas con las dos manos y manejar herramientas, organización lateroespacial, coordinación derecha-izquierda e integración hemisférica, hiperactividad, distracción y hasta ciertos problemas de lenguaje.
El sistema vestibular es el único sentido que debe estar completamente mielinizado al nacer, pero las conexiones con las áreas de asociación corporal es bastante posterior, de manera que los niños que sufrieron condiciones adversas durante el embarazo o en su primera infancia, así como a los que no se les proporcionan las oportunidades suficientes de movimiento son los más proclives a presentar deficiencias en el tono muscular, retrasos en su desarrollo motor o en la calidad de los movimientos y para interpretar el espacio.
El movimiento pone en marcha el laberinto (estructura situada junto a los receptores auditivos y de él parten los nervios vestibulares), el cerebelo, mieliniza el Cuerpo Calloso que integra los movimientos de los dos lados del cuerpo, los dos ojos, los dos oídos, lo cual permitirá al niño un nivel superior de integración de funciones receptivas y expresivas.
Mediante el movimiento se interioriza el esquema corporal e incorpora cada uno de los ejes del cuerpo, se establece la lateralidad y direccionalidad, las coordenadas de localización entre el cuerpo y el ojo, estas funciones son fundamentales para ir construyendo el sentido de espacialidad y es el nivel de organización neurofuncional que actúa como la plataforma para el aprendizaje, son la base que preparan al niño para la comprensión de representaciones simbólicas, conceptos tridimensionales y transformaciones espaciales necesarios para el aprendizaje y pensamiento de alto nivel. Muchas manifestaciones de tipo dislexia, problemas para decodificar o ciertas dificultades matemáticas son consecuencia de un desorden de estructuración espacial.
El desarrollo alcanzado antes de los seis años debe ser armónico para que posteriormente la corteza cerebral pueda dirigir su función a un pensamiento simbólico y abstracto, es una pena que ahora los niños se la pasan sentados con aparatos electrónicos desde muy pequeños, con pocas experiencias de movimiento, por lo tanto no activan los sistemas contralaterales de organización y no desarrollan capacidades neurofuncionales de suma trascendencia.
Es por esto, que para los Optometristas Comportamentales tiene gran importancia el desarrollo neurosensoriomotriz y en la Terapia Visual la mayoría de las actividades se trabajan en donde el sistema vestibular y propioeceptivo deben activarse para la integración de los movimientos contralaterales, integración interhemisférica, del espacio y el tiempo e integración binocular. Aunque no siempre serán de la misma calidad cómo cuando se obtienen en el tiempo adecuado y mucho menos cuando dos horas de terapia a la semana no son suficientes para suplir la inmovilidad del niño el tiempo restante.
Si consideramos al aprendizaje como sinónimo de organización jerárquica e integración, la integración interhemisférica y las habilidades cognitivas de atención, memoria y habilidades visuales perceptuales son el último nivel en el procesamiento del entorno que nos rodea, las cuales no podrán actuar con todo su potencial si no han superado niveles inferiores de organización . (Próxima entrada).
Como dato al margen, muchos conocen o han escuchado sobre la famosa batería de pruebas (Wisc) para medir el coeficiente intelectual, creada por el científico norteamericano David Weschsler, en donde eliminó cualquier tipo de estereotipo entre sexos en el caso de la habilidad espacial y aun así llegó a la conclusión de que las mujeres (sea cual fuera su cultura) eran un 3% superiores al hombre en cuanto a inteligencia en general, pero no así cuando se trataba de resolver rompecabezas y asimilar información en dos dimensiones y construir mentalmente objetos tridimensionales, en donde los hombres obtuvieron una puntuación máxima significativa frente a las mujeres.
En los hombres, esta función específica se encuentra localizada al menos en cuatro zonas de la parte frontal del hemisferio derecho, las mujeres, al carecer de zonas localizadas, no solemos destacar en estas habilidades, por esta razón, hoy en día no se nos da demasiado bien mirar los mapas.
Hay críticos que afirman y concuerdo con ellos, que ésta es una prueba más de la inteligencia superior de las mujeres, ya que no perdemos el tiempo en hacer dibujitos y rompecabezas, sin embargo, hay que reconocer que gráficamente los hombres en algo presentan superioridad como lo demuestra el Sr. Wechsler y muchos personajes famosos de la historia con sobresaliente inteligencia espacial como Einstein, Da Vinci, Dalí, Picasso, Goya, Rodin, entre otros. Pero les aseguro que si contáramos con una zona específica en el hemisferio cerebral derecho, seguro que les ganaríamos.
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