¿Niños Flojos, tontos o desmotivados?


Cada vez es mayor el número de pequeños y con mayores dificultades para aprender a leer, escribir y para las operaciones aritméticas fundamentales, el problema crece como bola de nieve y tanto padres como maestros se avientan la pelota, los maestros dicen que los niños son flojos, los padres que los niños no están motivados debido a un sistema educativo inoperante para la época y no saben lo que está pasando, porque aprecio que existe enorme desconocimiento sobre el origen y causas acerca de las dificultades que están presentando los niños.

Es necesario hacer notar sobre la importancia de diferenciar la naturaleza del problema al tratar las dificultades de aprendizaje, ya que los problemas se derivan y tienen su origen dependiendo de las circunstancias que rodean al niño, esto evitará tratar síntomas, que si bien pueden ser iguales o semejantes, las causas, la etiología y los procedimientos correctivos serán diferentes.

El aprendizaje es un proceso complejo de variables múltiples que deben ser atendidas en forma integral, cuya responsabilidad recae prioritariamente en la familia y posteriormente en los maestros, no en los niñ@s, ellos no saben lo que está pasando, pero lo peor es que ni los maestros ni los padres tampoco, ignorando que muchas veces el origen de los problemas son causados por ellos mismos.

He clasificado a este grupo heterogéneo de niños con dificultades de aprendizaje en tres grupos:

Las dificultades del primer grupo de niños se derivan de una inadecuada organización neurológica, ya sea de tipo neurobiológica o neurofuncional; las manifestaciones se presentan desde que nacen y son evidentes ya sea en el retraso motor, en la adquisición del lenguaje, desarrollo visual, en el procesamiento visual o auditivo o en ineficiente integración de todas ellas.

Esto es importante, ya que una de las tareas más difíciles es determinar entre un retraso del desarrollo (se le va pasar, dicen las maestras) a un “trastorno” generalizado del desarrollo que puede alargarse a períodos posteriores. A estos niños hay que tratarlos y entre más temprano mejor porque los déficits neurofuncionales no desaparecen solos. Busquen la ayuda y apoyo que necesita el niñ@ según las dificultades que presente.

El segundo grupo, son pequeños que por disposición de la Secretaría de Educación Pública ingresan a la primaria a los 6 años e incluso de menos edad para los nacidos en el último trimestre del año, en donde la mayoría de ellos no han completado su desarrollo sensorial y habilidades pre-requisito necesarias para enfrentar el reto, para que el proceso se dé con facilidad, sin dificultad para que sea sólido y sobre todo con felicidad.

De estos inocentes niños, los maestr@s esperan que lean y escriban no solo en su lengua materna sino en inglés o chino mandarín, en letra cursiva y script cuando ni siquiera saben tomar el lápiz, que realicen sumas, restas, cuando no tienen los cimientos necesarios para comprenderlas y cómo no lo pueden hacer, fomentan en el niño un concepto negativo de sí mismo, dañando su autoestima y enfrentando el desaliento una vez que cruzan la puerta de la escuela. Y luego se preguntan ¿Por qué los niños no quieren ir a la escuela?

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El tercer grupo, pertenece a un gran número de pequeños cuyos problemas se derivan del uso temprano y excesivo de electrónicos, obviamente, permitido y alentado por los padres, que desconocen cómo afectan el funcionamiento neurológico, en regiones tan importantes como las visuales y la adquisición del lenguaje, áreas sumamente necesarias para aprender a leer y escribir, en lo motriz y área social, interfiriendo con su capacidad para mantener la atención y concentración, grandes obstáculos para el aprendizaje.

Así mismo, ya he mencionado anteriormente que los primeros responsables en la educación de los hijos son los padres; los cuales con el propósito de hacer de sus hijos unos genios, los saturan de actividades con idiomas, computación, actividades artísticas, deportivas y demás, que son recomendables, pero en exceso los estresan y suelen matar la curiosidad y el gusto del niño desaprovechando excelentes oportunidades de aprendizaje con el simple hecho de dejarlos jugar.

También es necesario la formación en la responsabilidad, asignar tareas y actividades domésticas de acuerdo a su edad y la formación de hábitos, horas de comer, de dormir, de hacer tarea, de jugar, esto se llama “dis-ci-pli-na”.

En cuanto a los maestros, deben reconocer que los métodos tradicionales de enseñanza son inoperantes, que la repetición mecanizada de ejercicios no despiertan el mínimo interés y motivación, que las actividades deben tener flexibilidad y adaptarse a las necesidades y estilos de aprendizaje de los niños para facilitar el proceso y no digan que «no se puede», existen metodologías y herramientas para lograr mayor participación y motivación en sus alumnos.

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Todo lo anterior, puede cambiar notablemente el panorama, el desarrollo de las habilidades de aprendizaje requiere de la corresponsabilidad de la familia y de la escuela para que obtener mejores resultados.


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