“Leyendo el artículo “El TDAH no existe y la medicación, no es un tratamiento sino un dopaje” del catedrático español Marino Pérez, autor del libro “Volviendo a la normalidad”, menciona que ningún estudio de neuro-imagen, por más sofisticado que sea, como el MC (Mapeo Cerebral) RM (Resonancia Magnética) o el PET (Tomografía por Emisión de Positrones), detectan o arrojan alguna anormalidad cerebral en estos niños, por lo que no existe ningún “biomarcador” en el cerebro que justifique la medicación como tratamiento.
Más que negar la existencia del trastorno, el problema principal radica en el desconocimiento, que conlleva en un alto porcentaje, a la concepción equivocada del diagnóstico.
El diagnóstico estándar específica que para el momento que un niño llegue a la edad de 7 años, deben estar presentes al menos 3 características para justificar el trastorno :
Falta de atención, hiperactividad e impulsividad.
De ahí, surgen una serie de cuestionarios que los padres y maestros deben llenar, de acuerdo a sus apreciaciones, con un sinfín de síntomas que “acompañan” al trastorno, que van desde, dificultades de aprendizaje hasta conductas antisociales como desobediencia patológica, oposición desafiante o desafío a la autoridad, mínimo esfuerzo, baja tolerancia a la frustración, cambios en el estado de ánimo y sueño, lo cual, a mi juicio, dichas características nada tienen que ver con la “atención”; más bien ,son conductas de inicio temprano que más tarde podrían desencadenar en otras “patologías” más severas que se manifestarán en la adolescencia o adultez.
Supongo que en más de una ocasión, se han topado, con algún(os) niños que no prestan atención no solo en tareas escolares sino lúdicas o recreativas, que no pueden organizar sus tareas, que pierden sus pertenencias, que se distraen fácilmente con estímulos irrelevantes, que no solo se mueven sino también hablan en exceso, que no pueden esperar su turno, que interrumpen o se inmiscuyen en las actividades de los otros niños, que contestan antes de escuchar la pregunta o las instrucciones, que no obedecen porque no escuchan, son olvidadizos, están en movimiento constante, se trepan por todos lados; por lo que aquí surge la pregunta, existe realmente en estos niños un problema de origen fisiológico???
Investigadores de la Universidad de Northwestern, proporcionan la evidencia “fisiológica” de la atención; estudiaron los marcadores neuronales específicos de una forma muy temprana de la atención, es decir, la entrada sensorial, una respuesta neurofisiológica que se produce 50 milisegundos después del inicio de un estímulo, por lo que, la calidad de la atención, depende de la capacidad “involuntaria” del cerebro, de suprimir información sensorial irrelevante o inhibir estímulos de percepción consciente. “La distracción” consiste en realidad en fijar la atención en otra cosa.
Los inconvenientes de la “distracción” lo han padecido algunos de los pensadores más creativos de la historia como Proust, Franz Kafka, Charles Darwin, Anton Chejov y muchos otros.
Kafka, dijo alguna una vez: «Necesito la soledad de mi escritura; no “como un ermitaño” sino como un “hombre muerto”.
Darwin, Chejov y Goethe también lamentaron fuertemente la naturaleza de la distracción del ruido.
La atención, no es un mecanismo que actúa por sí solo, intervienen muchas áreas del cerebro, por lo que es difícil determinar cualquier anormalidad que se observe en la conducta y que corresponda a un área específica del cerebro, así que más que basarse en los síntomas, habrá que determinar las causas y correlaciones que están originando el problema.
En primer lugar, habrá que descartar una serie de factores que afectan considerablemente la calidad de la atención, como deficiencias musculares, visuales, auditivas, psicológicas, emocionales, estructura y dinámica familiar, alimentación, hábitos de sueño y hasta las alergias.
Desde el punto de vista psicológico, se encuentra el interés, el interés constituye la primera etapa de la atención, el cerebro tiene la facultad para dirigir su atención hacia algo concreto, difícilmente el cerebro registrará o guardará en la memoria algo, sin que, previamente le haya despertado el interés. De manera, que, el ser humano tiene la facultad de controlar y disponer “voluntariamente” de este mecanismo y puede prestar atención e interés a lo que quiere. El cerebro no presta atención a cosas aburridas y es triste decirlo pero la mayoría de las clases son sencillamente aburridas. Así es que si su hij@, es capaz de mantener la atención en la TV o videojuegos y no en las tareas que requieren esfuerzo mental, puede estar seguro que su niñ@ no tiene TDAH.
El segundo punto de la atención radica en la FOCALIZACIÓN, esto consiste en fijar toda la atención en un solo aspecto, eliminando otros factores que están presentes y que no son realmente útiles o importantes.


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