Aprender a leer es un proceso extremadamente complejo, involucra una amplia variedad de destrezas alojadas en diferentes áreas del cerebro que deben conectarse de manera precisa. Algunas de esas conexiones están “integradas” y otras se aprenden de manera consciente o inconsciente dependiendo de la experiencia, por lo que cada cerebro funciona diferente.
Sí aprendemos a leer gracias a la plasticidad del cerebro, se podría esperar que cada niño normal y sano, debería aprender de manera natural, sin embargo sabemos que esto no sucede siempre.
La mayoría de los niños con dificultades en la lectura empiezan con problemas de descifrado o decodificación, lo cual es relativamente sencillo de tratar, sin embargo, los niños de 9 o 10 años en adelante que no han presentado grandes problemas para la decodificación, pero que no logran leer con fluidez y que no comprenden lo que leen, pueden presentar un continuo de problemas que pueden ser tan sutiles o tan complejos que son los más difíciles de corregir. Tanto es así, que según expertos en la materia afirman que 1 de 4 niños que presenta deficiencias en la lectura después de cumplir 9 años, difícilmente será un lector eficiente o avanzado.
En la búsqueda de soluciones para las dificultades de lectura, existen investigaciones sobre la influencia del color en el procesamiento visual conocido como el “Método Irlen” (en honor a su autora Helen Irlen), psicóloga educativa que ha trabajado con pacientes con problemas de lectura y aprendizaje; para eliminar las distorsiones visuales perceptuales del síndrome llamado “Síndrome de Sensibilidad Escotópica”. (SSS por su siglas en inglés).
Las manifestaciones de este síndrome son muy semejantes a los de la “Dislexia”; la cual nada tiene que ver con el sistema visual, ya que la dislexia es un trastorno neurológico que afecta el procesamiento del lenguaje a nivel fonético, aunque pueden coexistir déficits visuales, visoespaciales y visoperceptuales por lo que existen grandes posibilidades de ser erróneamente diagnosticados.
Los síntomas más representativos en sujetos con el Síndrome de Sensibilidad Escotópica son:
Fatiga ocular, dolor de cabeza, problemas en la percepción de profundidad, náuseas, incluyendo mareo después del trabajo cercano, espacio de reconocimiento restringido, lectura lenta, saltarse palabras o líneas, malestar en condiciones extremas de contraste claro/oscuro, el texto parece moverse convirtiéndose en una palabra irreconocible, les molesta cierta luz cuando leen, prefieren leer con luz tenue y dificultades de atención y concentración cuando leen.
Cómo pueden ver, muchos de estos síntomas son característicos a los causados por problemas optométricos-visuales, que les impiden el uso eficiente y fácil de las habilidades para leer interfiriendo en el procesamiento visual, aprendizaje e incluso en la atención, por lo que el diagnóstico diferencial entre ellos resulta difícil.
A diferencia de las alteraciones visuales funcionales, el SSS no se trata de un problema visual, los ojos no son la fuente del problema, el problema radica en una disfunción perceptual en el cerebro debida a la sensibilidad a ciertos colores o longitudes de onda de la luz. El SSS es cuestión de grado, es decir, es más severo en unas personas que en otras por lo que algunas logran superar el problema con un esfuerzo adicional.
El SSS al igual que la dislexia tiene un componente genético, 84% de los niños que lo padecen tienen uno o ambos padres con el trastorno, de modo que saber si los padres presentan síntomas como: dificultad para leer con luz fluoroscente y prefieren leer a media luz, dificultad en material en papel en blanco y brillante, se emborronan las letras o parecen juntarse, se cansa la vista o se fatiga cuando lee, prefieren leer periódicos o revistas en lugar de libros o se les dificulta leer de manera continua, puede ser útil para el diagnóstico del niño.
Quizá el síntoma más significativo que marca la diferencia radica en la dificultad para leer cuando existe una sensibilidad a determinados tipos de luz y su preferencia por la lectura en penumbra y de acuerdo con Irlen las personas con SSS pueden también experimentar problemas de energía y baja motivación.
Los exámenes rutinarios de la vista no detectan este tipo de alteraciones visuales o perceptuales, ya que para el aprendizaje y en particular el de la lectura no basta solo el buen funcionamiento del sistema visual a nivel motor y sensorial, sino también de procesos más complicados como la interpretación del cerebro de los estímulos visuales.
Los Optometristas Funcionales pueden diagnosticar y proporcionar el tratamiento más adecuado para las diferentes causas relacionadas con la visión y el procesamiento visual.
El tratamiento para este síndrome, ha sido diseñado personalmente por Helen Irlen, consiste en el uso de lentes o filtros de color, el método determina con precisión para cada individuo las ondas de luz exactas que están ocasionando los problemas de percepción del texto, por lo que a cada paciente le funciona un color mejor que otro, sin embargo la eficacia de este tratamiento es cuestionable, ya que ha resultado eficaz para algunos e inadecuado para otros.
Este método ha sido criticado, argumentando que la mejoría producida en la lectura por el filtro, solo actúa como placebo más que un cambio en el mecanismo neurológico de la lectura y también se ha sugerido que el SSS no es una entidad separada, sino simplemente una manifestación de problemas visuales que afectan el procesamiento de la información, por lo que, muchos pacientes que han sido diagnosticados con este síndrome y que fueron tratados con terapia visual, se sintieron aliviados de sus síntomas y por lo tanto ya no hubo necesidad de los lentes entintados.


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