Los niños no nacen leyendo


A lo largo de 16 años en la atención a niños con dificultades de aprendizaje relacionados con la visión, me sorprende y preocupa el cada vez mayor número de niños que llegan a terapia con graves dificultades para aprender a leer y ni se diga, a escribir.

Esto es de mayor importancia no sólo para los niños sino para nuestro país, porque no son únicamente los alumnos de 3º a 6º grado de primaria, sino también de secundaria y bachillerato quienes presentan niveles inferiores en la escala global de comprensión y análisis de lectura según los resultados de las pruebas ENLACE (ya desaparecida) o PISA, en la cuál México ocupó el lugar 48 entre los 66 países de la OCDE que se integraron a la prueba, lo cual nos demuestra que dado que la mayoría de los niños y jóvenes mexicanos no comprenden lo que leen, evidentemente no les gusta leer.

El hábito de la lectura en nuestro país, siempre ha sido muy bajo, pero ha ido en decremento, se dice según encuestas recientes, que los mexicanos leemos 10% menos que en el 2006, más de la mitad de la población mayor de 12 años no leen libros y el porcentaje de jóvenes mexicanos que leen en dispositivos electrónicos no supera el 2%.

Cuando leo sobre este panorama desconsolador, me pregunto: ¿Qué está fallando? ¿A qué se debe el aumento creciente de niños con dificultades para leer y escribir? ¿Podemos hacer algo al respecto?

La respuesta es compleja, y las causas son variadas, que van desde baja e inadecuada estimulación, deficiente alimentación, los tradicionales y poco prácticos métodos de enseñanza que condicionan la baja motivación, maestros mal preparados así como los que realmente presentan un problema de aprendizaje.

Una de éstas causas, es generada por la “recomendación” de que los niños comiencen a leer y escribir antes de los 6 años e incluso hay quien asevera que se puede enseñar a leer a los bebés, adelantando el proceso mediante técnicas novedosas que han inventado. <Siento malestar generalizado por no comprender y aceptar esto, en el entendido, según la versión terrorífica y teórica de Germán Dehesa que malestar general se refiere a que te duele el cuerpo y el alma, todo lo de afuera y lo de adentro, todas las uñas y los pensamientos>.

Muchos padres se encuentran angustiados porque el maestro o el psicólogo les han dicho que su hijo de 6 años o menos tiene dificultades para aprender a leer y escribir, desconociendo por completo que incluso niños de 7 y hasta ocho años es común que manifiesten cierto de tipo de alteraciones cuando están comenzando a leer y escribir, que normalmente irán desapareciendo. Aún en condiciones óptimas, tendrían que transcurrir algo así como 12 meses (dependiendo de cada niño) para que realmente el aprendizaje se haya consolidado.

El hecho de que un niño aprenda a hablar su lengua materna con solo escucharla no significa que sea tan simple el proceso, sin embargo, no necesitamos recibir instrucción formal para aprender a hablar, pero el aprendizaje de la lectoescritura no se da en forma espontánea, las cosas son más complicadas y es necesario qué ocurran una serie de procesos de desarrollo en el niño con el fin de que pueda enfrentar con facilidad y sin esfuerzo la lectoescritura.

El primer contacto que tiene el niño para aprender una actividad es decisiva para que sea satisfactoria o no y marcará en gran medida su interés y actitud frente al hecho de leer.

Por otro lado, la neurociencia ha comprobado, que lo que hagamos en la vida cambia físicamente el aspecto de nuestro cerebro y la alteración física de la estructura de las neuronas, así que cada vez que aprendemos algo, el cerebro se re-programa constantemente.

Ahora bien, podemos pensar que sí el cerebro nace con los componentes innatos para aprender a leer que maduran a una edad determinada de acuerdo con el desarrollo del niño, ¿Qué está pasando con tanto niño que presenta dificultades?

El periodo del nacimiento a los tres años de vida es fundamental para el desarrollo cerebral y cognitivo del niño, así que, de la estimulación social y ambiental adecuada mucho antes de que inicie el proceso formal de enseñanza programada para saber leer y escribir influirá de manera determinante para que el proceso se lleve a cabo de manera exitosa.

Aprender a leer y escribir es un proceso impresionantemente complejo ya que depende de una amplia variedad de “destrezas” o habilidades alojadas en nuestro cerebro que deben interactuar entre sí, cualquier problema en alguna área, puede arruinar el proceso, por lo que no existe en realidad una sola causa para todos los casos de dificultad en la lecto-escritura.

Muchas de dichas destrezas están “presentes” desde el nacimiento, pero las conexiones para que esas destrezas se integren adecuadamente se aprenden en forma consciente o inconsciente y dependerán de las actividades que realicemos, de manera que, las influencias ambientales juegan un papel muy importante en el desarrollo cerebral.

Estamos ante una nueva era y educar ahora es muy diferente, por lo que cobra relevancia aprender a educar en la era digital, pero se ha abusado de esto terriblemente; los padres dicen orgullosos que sus hijos traen un chip cerebral desde que nacen y que son capaces de conectarse a cualquier aparato como el playstation, el wii, la tablet, laptop o celular sin leer ni siquiera el instructivo, pero por otro lado, no se dan cuenta de que independientemente de que con el uso de estos aparatos se están creando nuevas formas de interacción social, de relaciones humanas y generando un gran número de problemas, están cambiando la organización del cerebro en los procesos cognitivos, por eso no es de sorprender que ahora exista un gran número de niños con problemas de aprendizaje.

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Aprender a leer y escribir requiere de una serie de procesos como el lenguaje verbal, la percepción visual y auditiva, el control visomotor, la memoria visual y auditiva necesaria para la ortografía, la concentración, la atención y desde luego el pensamiento abstracto.

Leer una oración requiere que muchas conexiones coordinadas entre ambos hemisferios cerebrales se activen al mismo tiempo, antes de los 4 años, los hemisferios cerebrales no han alcanzado aún un grado de especialización, de manera que la excesiva y rápida verbalización que se presenta en la televisión y demás aparatos electrónicos es demasiada estimulación para la que no está preparado el niño y afecta la adecuada interacción de las funciones cerebrales

Cuando el niño empieza a hablar, leer o escribir domina el hemisferio izquierdo, el cual, entre otras cosas, analiza el sonido y el significado del lenguaje, en este hemisferio, los símbolos abstractos, como son las letras se conectan a los sonidos, desarrollando las habilidades fonéticas para descifrar el sonido de las letras, que es lo primero que se debe integrar para decodificar; la televisión y demás aparatos por ser altamente visuales la información es procesada mayormente por el hemisferio derecho, de tal manera que el hemisferio izquierdo casi no se desarrolla.

Las técnicas de formación de imágenes del cerebro como las tomografías y resonancias magnéticas, han mostrado que los niños con dificultades para leer muestran deficiencias en el procesamiento de estímulos auditivos y visuales y no se activan todas las regiones del hemisferio izquierdo, mostrando problemas para seguir la pista a pequeñas porciones de información, que el hemisferio izquierdo, analítico, lineal y secuencial maneja mejor.

Bajo la premisa de que todos los padres quieren lo mejor para sus hijos y que lo que más desean es legarles una buena educación, quizá muchos desconocen las graves consecuencias que tiene la teleadicción y/o demás aparatos no solo en las relaciones sociales, obesidad, sino habilidades cognitivas de sus hijos, de manera que si no quieren afectar el desarrollo del cerebro en los primeros años de vida y por consiguiente el desempeño intelectual y rendimiento escolar, mantengan a sus hijos pequeños lo más lejos que se pueda de estos entretenimientos adictivos.

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Los niños pequeños, deben pasar la mayor parte del tiempo jugando, aprendiendo, interactuando, hay muchas actividades que pueden hacer mientras las mamás están ocupadas, como ponerles lecturas o canciones infantiles para desarrollar el lenguaje, mientras arman rompecabezas, tarjetas interactivas, jugar con agua o arena en el patio o jardín, también hay mucho que hacer en casa para involucrarlos en tareas domésticas como doblar la ropa o ayudar en la cocina en tareas sencillas.

Dice Fernando Savater:

“Virgilio fue luz para el alma antes de Google y lo seguirá siendo mientras queden humanos con discernimiento, aunque ya no perdure rastro de Bill Gates”.


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