A lo largo de estas entradas, hemos venido abordando las dificultades de aprendizaje desde diferentes aspectos neurológicos y los elementos funcionales que pueden afectar directamente en el aprendizaje.
Estoy convencida que un alto porcentaje de las dificultades de aprendizaje tienen su origen en alteraciones de tipo neurofuncional, pero en la mayoría de los casos, mediante un buen diagnóstico que identifique las deficiencias se pueden optimizar estas funciones mediante el tratamiento y procedimiento adecuados.
Sin embargo, educar no solo significa proporcionar la instrucción de conocimientos, sino la formación integral de la persona, cuya labor corresponde en primera instancia a los padres para fomentar en sus hijos una serie de valores que no únicamente intervienen en el aprendizaje sino que formarán más tarde su filosofía de vida.
Se dice que existen tres niveles de disposición psicológica para el aprendizaje como son el interés, atención y actitud.
Thomas Jefferson dijo:
“Nada sobre esta tierra puede detener al hombre que posee la correcta actitud mental para lograr sus metas. Nada sobre esta tierra puede ayudar al hombre con la incorrecta actitud mental.”
Existen en la historia muchos ejemplos de personajes cuyo éxito proviene de su actitud y un gran esfuerzo, uno de estos ejemplos, es Evelyn Elizabeth Ann Glennie, una gran percusionista escocesa, ganadora de un Grammy en 1989, en cuyo caso, su talento musical tan espectacular no es su rasgo más extraordinario.
Glennie es sorda, y el esfuerzo que tiene que poner en su oficio es inimaginable. Después de perder el oído a los 12 años, ponía las manos contra la pared del salón para sentir las vibraciones cuando sus profesores de música tocaban algún instrumento. Cómo había nacido escuchando, podía traducir esas vibraciones, las cuales sentía en el cuerpo. En la actualidad Glennie recorre el mundo dando muestras de su arte, de hecho, cuando está en el escenario, suele tocar con los pies descalzos porque esto le ayuda a sentir la música y es capaz de manejar en escena hasta 60 instrumentos.
Ejemplos como este, nos demuestran que la actitud definitivamente pasa a formar parte del éxito o el fracaso de cualquier individuo, y detrás de cada uno de los éxitos que el hombre pueda alcanzar en la vida, incluyendo el escolar, existe una gran disciplina y un gran esfuerzo. De manera que cuando nos encontramos con niños que carecen de motivación o falta de interés por aprender y superar sus dificultades significa un gran obstáculo en donde no es fácil distinguir si es causa o consecuencia.
El éxito en el aprendizaje se traduce en lo que le niño “puede hacer”, de manera que cuando las habilidades no están a la altura de las circunstancias, es lógico que la consecuencia se manifieste en baja motivación, ya que a pesar de la voluntad y esfuerzo que haga el niño, no podrá alcanzar sus objetivos mostrando una actitud indiferente e inmune ante las exigencias de padres y maestros, cuando este es el caso, en la medida que empiezan a experimentar logros y se dan cuenta de que sí pueden, se genera el interés y cambia la actitud.
«No existe substituto como esencia de la motivación intrínseca para generar el interés que el experimentar el éxito en el aprendizaje.»
Por el contrario, hay casos, en donde la causa principal de las dificultades radica en baja motivación intrínseca de autorrealización, me refiero a niños que carecen de ese sentimiento y deseo del logro por sí mismos, que muestran una actitud de baja tolerancia ante el esfuerzo y la perseverancia, que necesitan constantemente ser empujados y supervisados y que no se quieren enfrentar a los retos que consideran difíciles o desagradables.
Desde esta perspectiva psicológica, considero que todo parte en primer lugar del Interés, el interés despierta la disposición a concentrar la atención, a sostenerla y estar listo para ponerse en acción y esforzarse.
Sin el interés, por más inteligente que sea al niño tendrá problemas escolares, sin interés el alumno siempre será un observador pasivo, poco motivado y con pésima actitud.
¿Cómo conseguir el interés y despertar en los niños actitudes positivas ante el estudio?
El interés es el resultado de una gama de procesos motivacionales, sujetos a una amplia variedad de influencias provenientes del ambiente cultural, familiar y escolar.
En cuanto al ambiente escolar, habría que reflexionar acerca de una serie de factores y variables que afectan el desempeño escolar, como lo son los programas académicos, la metodología, el estilo de aprendizaje personal, los recursos y materiales, el desempeño docente, tanto en su capacidad académica como humana, sin embargo, en este aspecto, no podemos culpar del todo al sistema o al maestro, difícilmente podríamos decir que un sistema educativo o programa académico por más deficiente, sea el causante del problema escolar de un niño, porque entonces todos los niños del mundo estarían fracasando.
Ciertamente el maestro juega un papel importante, hay maestros que aman su profesión y lo transmiten y despiertan el interés por el estudio, por el contrario, también existen maestros que tienen una capacidad innata para desarrollar un rechazo absoluto hacia la escuela, pero la búsqueda del sentido y responsabilidad es individual y en la actualidad también un grave problema con el que se topan los maestros es la falta de sentido que tienen los niños y jóvenes, <de la clase social que sea>, que desean obtener todo con el menor esfuerzo posible.
El ambiente sociocultural y familiar en el cual se desenvuelve el niño influye en cuanto a la actitud y valoración con respecto al estudio, la alimentación, el acceso a la información, al uso del lenguaje, las experiencias y expectativas educativas de los padres que ejercen unan profesión, los recursos y oportunidades repercuten de manera importante en la actitud que muestra el niño hacia el aprendizaje.
¿Por qué a pesar de que muchos niños que nacen en un ambiente favorecido, sus padres no consiguen lograr este tipo de esfuerzo en sus hijos?
Recientes investigaciones, aún no concluidas, empiezan a observar que es probable que los genes también influyan en el esfuerzo, éstas investigaciones miden la capacidad para manejar los desafíos académicos, pero aún en entornos familiares que favorecen la mentalidad de crecimiento dieron cuenta de tan sólo un 2% de variación en dicha capacidad, de manera que, aún existiendo un gen como tal, los padres no se librarían de un hijo así, pero lo que sí pueden hacer los padres, es cambiar ciertas estrategias, corregir algunos errores así como aspectos que deben limitar ya que repercuten en la disposición del niño hacia el estudio.
Una de ellas, y perdón por mi insistencia, es el tiempo que el niño le dedica a la TV, los juegos de video, internet y celulares “inteligentes”, esto afecta a casi todos y cada uno de los niños del planeta, ya que el tiempo que el niño pasa enfrente de una pantalla hoy en día es parte habitual de la experiencia de desarrollo de la mayoría de los niños y lo más grave es que, encontramos esta exposición a edades cada vez menores. Esta comprobado, el hecho, de que antes de los tres años, los niños no deberían ver televisión, ni tampoco ningún tipo de videos “educativos” que aseguran potenciar el rendimiento cognitivo de los pre-escolares.
Esta situación ha venido a complicar el panorama, pero muchos padres no hacen ni el menor caso a esto, pero basta que den una mirada respecto a las investigaciones sobre el efecto nocivo que ejerce en cuanto a la capacidad de concentración y de mantener la atención, demás funciones ejecutivas y en el comportamiento; ya que la probabilidad de desarrollar un problema de atención aumenta en un 30% para un niño menor de tres años y cerca de un 10% hacia los 7 años, por consiguiente todo lo demás como son las clases o leer les parecerá “aburrido”, sin dejar de lado el contenido de lo que están viendo.
Otro error muy común que cometen algunos padres, es ofrecer a los niños gratificaciones externas como juguetes y diversiones para que estudien, ¡cómo si les estuvieran haciendo el cabrón favor por estudiar!, elogiar el esfuerzo y sus aciertos, representará para el niño una mayor recompensa que un estímulo material, además que así se darán cuenta de que los errores o fallas se pueden remediar si aplican un mayor esfuerzo.
Un problema más, es la sobreprotección, ya que ante la más mínima dificultad que presenta el niño para realizar sus tareas o actividades cotidianas, pide y recibe ayuda, pero no es «ayuda», son los padres quienes las hacen las tareas y obligaciones por ellos, quizá por el ritmo de vida que llevan y que no tienen tiempo y la calma para esperar a que él mismo las realice, lo cual no permite que pague las consecuencias por no haberlas cumplido.
Esto repercute enormemente, ya que al no dejar experimentar la sensación de logro, aprende a no esforzarse por casi nada y adopta un patrón de pasividad y son taaan inteligentes que descubren que la resistencia pasiva es muy efectiva para evitar el cumplimiento de sus responsabilidades, pero con esto, bajan sus expectativas y daña su autoestima, pues sólo a través de sus logros adquirirá la confianza y la seguridad para enfrentarse a los retos no solo escolares sino a los que se le presenten en la vida.
Cómo último punto en este contexto, es la falta de formación de hábitos, los hábitos se establecen en base a repeticiones y al establecimiento de reglas para lograr determinados objetivos. Y aunque en ocasiones puede haber cierta flexibilidad, sí deseamos ayudar al niño a modificar los resultados que obtiene en cuanto a su ejecución escolar, será necesario hacer una revisión de sus hábitos no solo de estudio sino de vida y hacer los ajustes pertinentes.
Lo anterior explica el porqué del fracaso escolar es una suma de circunstancias que viene a reforzar el “Efecto Pigmalión” desde que Rosenthal y Jacobson acuñaron el término en 1968 y describe la forma en que los alumnos responden a las expectativas inconscientes generadas por los padres y maestros y que producen una atmósfera que afecta la autoestima y el logro académico. Pigmalión se ha convertido en el símbolo de la fuerza que tienen las expectativas en las conductas.
El cerebro humano tiende a relacionarse con la realidad a través del sistema de creencias postivas sobre la persona misma y su capacidad de acción, esto es un elemento insustituible en la motivación intrínseca, pero la motivación incluye un estado emocional que se alimenta por los logros y se refiere a la actitud que mantiene una persona para alcanzar un objetivo, el ser capaz de enfrentar los retos es auto-reforzador y conduce al éxito, pero el éxito se consigue en base a la actitud y cultura del esfuerzo, así que papás, deben darse tiempo y paciencia para no caer en la tentación de hacer las cosas por sus hijos ya que al ceder ante las exigencias de ellos, están reforzando una conducta que repercutirá en perjuicio de ambas partes, de manera que si se reflejan en este espejo, nunca es tarde para realizar cambios.
Los padres pueden en un momento dado no tener noción de lo que sus hijos son capaces de hacer, pero según los hallazgos más recientes, lo que distingue a un individuo con un alto o bajo rendimiento no es ninguna “chispa divina”, sino un factor, que es en igualdad de condiciones: El esfuerzo, el esfuerzo es lo que les permite a muchos niños y jóvenes aprovechar los estudios, a pesar de bajas habilidades o poca “inteligencia” con la que no nacieron (por cierto, muy cuestionable.) ya que recuerdo cuando una amiga mía, gran terapeuta de aprendizaje, me dijo: «Mira, no existen niños tontos, pero sí huevones y con éstos nos damos de topes contra la pared» concuerdo totalmente con ella y empiezo a creer sin necesidad de tanta investigación, que sí es probable que exista el gen de la flojera.
Deja un comentario