Leer es un acto sumamente complejo, aprender a leer es el resultado de una serie de procesos mentales o cognitivos de atención, memoria, así como procesos visuales, auditivos, motores y lingüísticos, y de la asombrosa capacidad del cerebro para relacionar e integrar todas estas habilidades a una velocidad vertiginosa.
Una de las habilidades visuales que más impactan en la lectura, “una vez que la decodificación ha sido adquirida”, es decir, cuando ya se ha aprendido a leer; son los movimientos oculares; los síntomas observables de una deficiente motilidad ocular son movimiento de cabeza al leer, utilización del dedo para no perder la ubicación, lectura lenta, repetición u omisión de letras, palabras y renglones, inversión de pequeñas palabras como “le por el” “es por se”, etc., y debido a que estas pequeñas palabras son conexiones que influyen notablemente sobre el significado, se ve afectada la comprensión de lectura.
En el mecanismo visual de la lectura los ojos no recorren el texto de forma continua, sino dando pequeños saltos denominados sacádicos y las letras se perciben cuando el ojo realiza pequeñas pasusas llamadas fijaciones. También se efectúan movimientos llamados de regresión, que son movimientos hacia la izquierda o hacia atrás, que se realizan por varios motivos, ya sea para corregir la lectura de palabras o frases, verificar el significado de algunas palabras o corregir errores oculomotores. Los movimientos oculares de seguimiento es la habilidad de seguir un objeto en movimiento e interfieren probablemente más en los deportes que en la lectura.
Las fijaciones constituyen el 90% del tiempo total de la lectura, siendo la fóvea la encargada de este procedimiento y es durante estas pausas de fijación cuando realmente se capta la información visual, los sacádicos son los movimientos que nos llevan de una palabra a otra y de un renglón al siguiente y tienen una duración del 5 al 20% del tiempo total de la lectura, la retina periférica es la encargada de dirigir estos movimientos y las regresiones constituyen también entre el 5 y 20% de todos los movimientos durante la lectura y lógicamente estos valores se incrementan con la dificultad del texto. (1)
La duración de las fijaciones marca la diferencia entre los buenos y malos lectores, cada fijación procesa un grupo de palabras llamado espacio de reconocimiento, que se extiende de 3 a 4 letras hacia la izquierda y hasta 15 a la derecha, el buen lector tiene mayor espacio de reconocimiento, ya que en cada fijación captará unidades más grandes y no se detendrá en cada letra, sílaba o palabra, obteniendo mayor información en menor tiempo.(1)
Cuando existe un buen control oculomotor, nuestros ojos son capaces de captar frases completas en una sola fijación y enviar al cerebro la idea completa, lo ideal es captar el mayor número de palabras en cada espacio de reconocimiento, el cual está determinado por cada fijación. Ejemplo:
Cuando se lee sílaba por sílaba o palabra por palabra, como ocurre en los niños que están aprendiendo a leer, se tiene menor comprensión, ya que se divide la oración completa y por lo tanto es difícil comprender el mensaje total de la frase o párrafo.
Diversas investigaciones coinciden en que los niños hacen mayor número y más largas fijaciones y sacádicos más rápidos que los adultos, lo cual debe evolucionar durante los primeros años hasta alcanzar el nivel de adulto, siempre y cuando no presenten deficiencias en el control oculomotor.
Además de los movimientos oculares, los ojos deben realizar ajustes vergenciales conforme se desplazan de una línea a otra o cuando se acerca o aleja el texto integrándose con el sistema acomodativo para enfocar correctamente.
Lo anterior, no significa que deficiencias visuales oculomotoras o acomodativas sean la causa primaria de una dificultad para “aprender a leer” pero si, interfieren con “leer para aprender” ya que disminuye la eficiencia y comprensión de la lectura, afectando cada vez más conforme aumentan las demandas, la letra es más pequeña y disminuye el espacio entre las letras, palabras y líneas.
Otra de las funciones visuales que afecta a la lectura, es la desintegración entre la visión periférica( sistema visual transitorio o simultáneo) que nos permite interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor y la visión central (sistema visual sostenido o secuencial) que nos permite atender una tarea visual específica, estos dos sistemas se procesan por vías diferentes pero debe existir una sincronía para que la información llegue a los centros superiores del cerebro en una secuencia correcta.
Principalmente un déficit en el sistema visual transitorio, contribuye a un procesado global más lento y restringido, requiriendo más tiempo de integración, esto les impide “ver” la palabra en su configuración total y tienden a leer sílaba por sílaba o letra por letra, haciendo la lectura lenta y por lo tanto con baja comprensión.
Deficiencias visuales como las anteriores disminuyen la automaticidad del procesamiento visual, debido al esfuerzo requerido para mantener la función visual, por esto, no debe extrañarnos que muchos niños, (y adultos) no comprendan lo que lee, muestren desinterés y evitan la lectura.
Mediante la terapia visual se busca corregir estas anomalías para mejor ejecución y procesamiento, para obtener mayor cantidad de información en el menor tiempo posible, ayudando al rendimiento y comprensión lectora.
Bibliografía:
1.- Escolar de la Torre Ma. Cristina, et al.
“Terapia Visual en la Escuela”
Centro de Optometría Internacional, Junio, 2004.

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